Jesús Hernández Aristu

Special (September 2003)


zum 60. Geburtstag


Jesús Hernández Aristu y su espacio en Larraya

von José María Galparsoro

Una casa blasonada y de buen porte ubicada en armonía con el paisaje y bajo la tutela de la pequeña y vieja iglesia del románico rural en Larraya, es el espacio donde Jesús Hernández vive con su familia y trabaja. En la fachada, por el muro de piedra trepa un rosal hasta alcanzar el balcón largo que cruza el frente de la casa. En el centro, entre el balcón y el alero, un blasón con vestigios del tiempo pasado invita a indagar su historia. Una casa espaciosa y noble que prescinde de solemnidades. Este lugar que fue elegido en su día por Jesús y Tine y a quien han dado su forma con los años, ofrece dos accesos: uno oficial, el que conduce a la escalera central atravesando el pórtico y otra entrada privada por el jardín.

No es fortuito el modo como se accede a un lugar que ha sido configurado con detalle, más si quien allí vive y trabaja es un profesional de la relación. El acceso es el primer contacto. Aquí se trata de una invitación.

La escalera central es amplia y armoniosa; su madera oscura brilla a la luz que desciende sin prisas. Los peldaños de terrazo enmarcados en madera son bajos de altura, anchos y cómodos; al subir producen la sensación de que se asciende sin esfuerzo. Sin palabras, la arquitectura de esta escalera da la bienvenida al visitante. En la pared lateral del primero de sus descansillos saluda un grabado bien situado de Eduardo Chillida. Esta es una referencia significativa al lugar y a lo que en este espacio sucede, ya que sus indicaciones al sentido que tienen el lugar, el espacio, el vacío se anuncian en este entorno con la naturalidad y sencillez con la que se asciende. Tampoco es fortuito que en el espacio que Jesús y Tine han creado, sea una obra de E.Chillida la que salude al visitante: crear espacios es crear posibilidades de elección. El vacío no es la nada sino la posibilidad de iniciar un proceso creativo. En esta casa Jesús Hernández y colaboradoras ofertan desde hace muchos años ayuda cualificada a quienes buscan su lugar en ámbitos personales y profesionales. El acceso, la estructura de la escalera, el ambiente que se respira, las referencias del artista al espacio y al arte son en si mismos un programa de lo que en esta casa se ofrece: aquí se inician y acompañan procesos creativos que repercuten en bien de las personas y de lo que ellas realizan. Esta casa presta su espacio a quien se atreve a experimentar nuevas salidas en el laberinto de nuestra condición, oferta posibilidades, da espacio, anima a hacer lo que uno no sabe, a que experimente y decida cual es su propio lugar en el contexto de sus condicionamientos. El método es sencillo y de envergadura como el arte mismo: trabajo e intuición.

La entrada privada por el jardín se encuentra junto a un laurel hermoso. En las noches de verano todo el arbusto es un susurro y en su día, cuando los habitantes de esta mansión regresaban de Alemania, debió ser determinante para la elección de su lugar. Hubo un diálogo y un encuentro. El jardín es espacioso. Fresnos y árboles frutales ofrecen su fruto y sombra entre mesas de piedra que son esculturas. Una escalera de acero comunica con la terraza desde donde se accede a la cocina y a las dependencias privadas; es el espacio familiar donde palpita el corazón de la casa: Tine, Matías y Oiana.

Una casa con dos accesos que son invitación y programa. El primero dice: aquí te ofrezco mi lugar y te acompañó en el trabajo de encontrar el tuyo. Y el segundo dice: este es mi lugar desde el que yo vivo y trabajo.

Una casa de piedra frente a la torre de una pequeña iglesia rural es el lugar donde Jesús Hernández vive y trabaja. Hoy, día de su sexagésimo cumpleaños, pienso en él, en su espacio y en una frase que proviene de esta tierra, Navarra: - Éste es un buen hombre, cree en Dios y le importan los hombres -.


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